Pasar al contenido principal

ES / EN

El aliado menos pensado: George Soros le da una mano a Cristina Fernández
Lunes, Septiembre 1, 2014 - 17:33

Soros, el dueño del fondo Quantum y uno de los hombres más ricos del mundo, jugó fuerte en defensa de sus propios intereses y demandó al Bank of New York.

La política argentina tiene esas cosas: el gobierno que ha defendido un discurso propio de la izquierda clásica de los años de 1970, el que se ha jactado de permanecer ajeno a la “economía de casino”, y de evitar la dependencia de los especuladores financieros, ha encontrado su mejor aliado en… George Soros.

Parece raro, pero al final, no fue la solidaridad de la Unasur ni el peso diplomático del G77, ni las declaraciones del prestigio de los premios Nobel amigos de la casa, ni la influencia de los diarios británicos lo que ayudó al gobierno argentino en su cruzada contra la justicia estadounidense. Muy por el contrario, quien terminó por dar una ayuda acaso decisiva en la estrategia de Cristina Fernández para que la Cámara de Apelaciones de Nueva York permita al país salir del default es un hombre que nunca sería aclamado por los militantes de La Cámpora.

Soros, el dueño del fondo Quantum y uno de los hombres más ricos del mundo, jugó fuerte en defensa de sus propios intereses y demandó al Bank of New York por haber retenido el dinero que Argentina había depositado en junio pasado y que el juez Thomas Griesa congeló. La argumentación de Soros coincide, básicamente, con el punto de vista defendido por el gobierno argentino: que al extender sus decisiones más allá de las fronteras estadounidenses y congelar bonos emitidos bajo otra ley, Griesa está extralimitándose en sus atribuciones. Y que, de esa forma, está lesionando derechos de terceros, además de afectar la soberanía argentina.

“No estamos Soros”

No es poca cosa tener a Soros como aliado. Como tampoco es poca cosa, para los fondos buitre, tener a Soros como enemigo. A fin de cuentas, el gran argumento de Paul Singer y compañía era que Argentina, con su comportamiento al margen de la ley y su tendencia incontrolable a romper contratos, atenta contra los principios elementales del capitalismo financiero global.

Pero es difícil decirle lo mismo a Soros, un hombre que encarna a las finanzas globales por excelencia. En su fuero íntimo, el gobierno está festejando esta inesperada ayuda. Aunque, claro, supone todo un desafío para el “relato” kirchnerista: Soros, lejos de ser un benefactor, es un “player” implacable que no ha tenido prurito en sostener pulseadas contra gobiernos cuyas políticas no le convencían.

La forma en que, en 1992, le torció la mano al gobierno británico y forzó la caída de la libra esterlina le garantizó un lugar en los libros de historia bajo el título “Miércoles negro”.

Además, con una fortuna neta valorada en unos US$22.000 millones en septiembre de 2011, fue considerado por la revista Forbes como la séptima persona más rica del mundo. No dejó de resultar curioso cómo los medios de comunicación afines al gobierno de Fernández destacaron, como un fuerte logro diplomático, la denuncia de Soros contra el Bank of New York. La imagen del financista fue elegida por el diario Página 12 –que habitualmente refleja el punto de vista gubernamental– como foto principal de tapa, bajo el título “No estamos Soros”.

Mientras que los programas televisivos oficialistas, que habitualmente se dedican a denunciar la manipulación informativa de Clarín, se quejaron del escaso espacio dedicado por los medios opositores a la coincidencia de Soros con la postura argentina.

El gurú de los especuladores.

Soros, nacido en Hungría y actualmente residente en el Reino Unido, fundó su fondo de inversión Quantum Fund en 1973. Su jugada más famosa ocurrió el 16 de setiembre de 1992, durante el llamado Miércoles negro, cuando su firma vendió de golpe 10.000 millones de libras esterlinas, lo que obligó al Banco de Inglaterra a devaluar su moneda. La jugada le valió US$ 1.000 millones en ganancias. Además de provocar la caída de la libra en los años de 1990, Soros también generó diversas crisis financieras en países asiáticos y hasta en Rusia. Su firma siempre se caracterizó por especular en la bolsa a corto plazo y con un nivel de riesgo muy elevado. Es por esto que sus fondos de inversión eran catalogados como de “alto riesgo” y siempre solían apostar a la baja en las cotizaciones.

Su operatoria era simple: automáticamente “tiraba” al mercado en cantidad los títulos que ya poseía y después especulaba a que sus valores bajen con el fin de adquirirlos y revenderlos a un precio alto. Actualmente, la Soros Fund Management lleva el control de seis fondos de cobertura con un promedio de inversiones de más de US$70.000 millones. En varias oportunidades, el magnate se ha jactado de que, con sus especulaciones con derivados y otros productos de alto riesgo, tiene poder como para desestabilizar los mercados financieros en todo el mundo. La pieza no encaja en “relato K”Aunque el caso deja al descubierto las contradicciones del discurso político argentino, también es cierto que las relaciones de Soros con el país son de larga data y no se limitan a la compra de títulos de la deuda soberana.

Soros Fund Management LLC posee el 3,5% de YPF, por un valor de US$450 millones, lo que lo convierte en el mayor inversor privado de la petrolera. También apostó a la soja al arrendar terrenos para la cosecha en Argentina. Además, posee negocios conjuntos con IRSA, una de las corporaciones inmobiliarias más grandes del país que tiene muy buena relación con el gobierno nacional y de la ciudad de Buenos Aires. Y hasta hubo una ocasión en la que Soros se reunió con Fernández, en setiembre de 2012, durante una de las visitas de la presidenta a Nueva York para participar en la cumbre de las Naciones Unidas.Pero ahora, el kirchnerismo le debe un favor. Y debe encontrar la forma de incorporarlo a su discurso en contra del capital especulativo.

Autores

OBSERVA.COM