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A través de materiales orgánicos, la startup produce bolsas y empaques destinados a multinacionales del retail y comestibles en siete países de la región.
En agosto de 2014, Chile marcó un antes y después en las políticas de conservación ambiental de Latinoamérica: el gobierno de Michelle Bachelet aprobó la prohibición de las bolsas plásticas en la Patagonia. Se trató de una medida que buscaba cortar el problema desde la raíz. Aunque no dejaba en claro qué alternativas los chilenos deberían tomar para reemplazar el plástico en sus rutinas.
Con la finalidad de cubrir este vacío, el abogado Ignacio Parada y su socio Juan Eduardo Joannon fundaron Bioelements: una startup especializada en la producción de empaques biodegradables bajo la finalidad de reducir la contaminación ambiental y la huella de carbono. Para fabricarlos, se utilizan los biopolímeros, materiales plásticos que se obtienen de fuentes renovables y naturales. Es común que estos procedan de residuos agrícolas, de celulosa o almidón, lo cual facilita su descomposición a futuro.
“Son básicamente materiales que sirven para conseguir productos que posean las mismas cualidades físicas que el plástico convencional. Pero que al mismo tiempo, tengan las bondades del papel como el hecho que no dura para siempre en el medio ambiente. Así que nacimos como una respuesta a la legislación local para expandirnos por Chile, Latinoamérica y finalmente, Estados Unidos”, declaró Ignacio Parada, CEO de Bioelements, a AméricaEconomía.
PROPIEDADES DEL PLÁSTICO BIODEGRADABLE
Si bien los biopolímeros no se adaptan a la fabricación de botellas, permiten producir una gama amplia de accesorios flexibles. Por ejemplo, bolsas de compras, empaques de papel higiénico, pañales, además de envases de comestibles como salmones y carnes. En ese sentido, Bioelements ofrece tres tipos de plásticos biodegradables: Bio Retail (compras), Bio Food (almacenamiento de comida) y Bio Non Food (no comestibles). La compañía estima que estos productos se descomponen entre tres y 20 meses en promedio.
Actualmente, Bioelements opera en siete países: Chile, Perú, Colombia, Argentina, Brasil, México y Estados Unidos. Su estrategia de expansión se basó en alianzas con jugadores importantes del sector retail y alimenticio como Gloria, Pepsico, Walmart, Falabella, Oxxo, Mercado Libre, Sodimac, entre otros. En paralelo, la startup logró certificaciones de instituciones como la Pontificia Universidad Católica de Chile, la Universidad Federal de Río de Janeiro (Brasil) y la Universidad Nacional Agraria La Molina (Perú).
“Nuestra idea es crecer donde haya legislaciones que incentiven el uso de productos biodegradables en desmedro del plástico convencional. Por otra parte, tenemos otro tipo de productos que pueden estar o no regulados como los empaques de papel higiénico y comestibles. En este rubro, estamos viendo que hay un movimiento fuerte en Chile y México que extiende la responsabilidad de las empresas sobre la calidad de sus productos y por ende, incentiva al uso de empaques sostenibles”, explica Parada, quien menciona a Kimberly Clark como una de las multinacionales que se adhirió a esta política en el país azteca.
Cabe destacar que un impulso clave en el crecimiento de Bioelements se dio a inicios de 2023. Por aquel entonces, la startup obtuvo US$ 30 millones en una ronda de financiamiento con BTG Pactual, el mayor banco de inversión brasileño. Los fondos le permitieron ingresar con fuerza al gigante sudamericano y a EE.UU., donde cuentan con oficinas en Miami.
“Otra parte de los recursos se invirtió en ciencia y tecnología. Básicamente, en seguir desarrollando nuevas formulaciones y catalizar el lanzamiento de nuestro programa de inteligencia artificial con el objetivo de entregar datos mucho más certeros y predecir resultados, tanto de biodegradación como de medición de gases de efecto invernadero”, añadió el fundador de la empresa.
LA RESPUESTA A LA ORDEN DE TRUMP
Por otro lado, el pasado 10 de febrero, el presidente estadounidense Donald Trump sorprendió a propios y extraños al firmar una orden ejecutiva que acabó con la prohibición de los sorbetes de plástico a nivel nacional. En su momento, se trató de una medida de la administración de Joe Biden para reemplazarlos por sorbetes de papel, una medida que causó opiniones divididas. Parada señala que la decisión de Trump es una oportunidad para los productores de plásticos biodegradables.
“Todos sabemos que los sorbetes de papel funcionan muy mal. Así que no tenía sentido cambiar productos por otros peores. Así que nosotros creemos que los materiales biodegradables pueden ser una solución, pues son amigables para el medio ambiente y económicamente, cumplen con la función de un plástico convencional. Aquí no hablamos de una guerra contra el plástico, sino contra la mala utilización del plástico y malas normativas”, expresó Parada.
El CEO asegura que la propuesta de Bioelements está dando sus frutos a nivel regional: el Estado de Washington recientemente autorizó sus bolsas para todos los supermercados y deliveries que se realicen en el Estado. Actualmente, también cumplen con las leyes de California, Colorado y la ciudad de Boston. Aunque si regresamos a Sudamérica y tomamos en cuenta que en 2050, la producción mundial de plástico podría alcanzar 1.500 millones de toneladas, queda claro que deben tomarse medidas a largo plazo.
“No basta solamente con copiar una normativa que funciona en Suiza, porque sabemos que Latinoamérica vive una realidad muy distinta. Otra cuestión importante es que las nuevas normativas siempre deben buscar tecnologías novedosas, porque si seguimos usando las mismas herramientas de los últimos 40 años, llámese reciclaje mecánico, no vamos a solucionar el problema que tenemos en los plásticos. En otras palabras, más que solo prohibir, las nuevas leyes, deben innovar”, resalta Parada.