Editorial

América Latina sin Chávez

  • Jue, 03/07/2013 - 09:07
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Ahora que el opaco heredero Nicolás Maduro salta al primer plano como encarnación doliente del chavismo, es más que probable que sea ungido en las urnas como el próximo presidente de Venezuela.

Esto no es malo. Con las arcas fiscales vacías, con 30% de inflación y el bolívar recién devaluada, Venezuela vive una situación económica urgente, por decir lo menos. Llegue quien llegue al gobierno, aplique la política económica que aplique, tendrá que cerrar la llave al chorro de petrodólares que benefició a los pobres durante 13 años. El gobierno del sucesor de Chávez, sea quien sea, traerá tiempos duros para el pueblo venezolano. Estará cosechando lo que el dadivoso Chávez sembró, pero como Chávez está muerto, el pueblo culpará de los problemas a su sucesor. Habrá una justicia histórica -o una ironía del destino- en el hecho de que el sucesor haya sido nombrado a dedo por el propio Chávez.

Pero los problemas económicos de Venezuela no afectan sólo a Venezuela. Para empezar, se le ha cortado la línea de crédito a Bolivia, Cuba, Ecuador y Nicaragua, ironizaba alguien en una frase repetida una y otra vez en Twitter durante las horas siguientes a la muerte del caudillo,

La verdad es que la reducción de la ayuda financiera de Venezuela a esos países latinoamericanos -y a varios otros del Caribe- no es consecuencia de la muerte de Chávez sino de la desastrosa situación económica venezolana. Y también es verdad que el único país donde la ausencia de petrodólares venezolanos va a doler de verdad es Cuba.

La Habana recibe de Caracas dos tercios del petróleo que consume, pagando una parte de la cuenta con el trabajo de unos 35.000 médicos, enfermeras y profesores cubanos que hay en Venezuela. El resto de la cuenta no se paga y pasa a abultar la deuda de Cuba con Pdvsa, estimada en unos US$8.000 millones. Si Cuba tuviera que pagar los US$100 por barril que vale el petróleo, el impacto en su cuenta corriente sería devastador.

No sólo eso. Venezuela es, de muy lejos, el principal socio comercial de Cuba. El comercio bilateral llega a US$6.000 millones anuales, cifra que supera a lo que transa la isla con sus siguientes cinco socios comerciales sumados. Un estudio de la Universidad de Pittsburgh estima que Venezuela da cuenta del 20% de la economía cubana.

La verdad es que sería bueno para Cuba quedarse sin la ayuda venezolana: eso obligaría a Raúl Castro a acelerar las reformas que podrían llevar a la isla hacia una economía de mercado, y a su ungido sucesor, Miguel Díaz-Canel, a consolidarlas. Pero el gobierno cubano ha querido tener seguridad de la ayuda venezolana y se ha asegurado de darle ayuda política.

Partiendo por la atención médica dada a Chávez, Cuba es el único país latinoamericano que ha tenido influencia real en los acontecimientos venezolanos. Es casi seguro que Cuba decidió junto a Chávez que Nicolás Maduro sería el sucesor, así como Cuba también debe haber ayudado a Chávez a decidir la fecha en que éste debía volver a Caracas a escribir su capítulo final. Y nadie pone en duda que Castro ayudó a Chávez en su estrategia bolivariana, la que dio a Venezuela relativa hegemonía regional, además de aliados políticos en Libia, Irán y Corea del Norte.

La hegemonía regional venezolana, que con mayor o menor fuerza influyó en una decena de países latinoamericanos, de cierta manera le quitó a Brasil la hegemonía que siempre ha aspirado a tener. Cierto, eso sucedió con la venia de Brasil, luego de que el ex presidente Lula le diera su apoyo al presidente venezolano. Pero el apoyo que Lula y después Dilma Rousseff dieron a Chávez no se traspasa automáticamente al chavismo, entre otras cosas porque el chavismo no garantiza una Venezuela estable, algo que es tan necesario para la región como para el propio Brasil.

Con una economía que apenas creció 0,8% en 2012 y elecciones presidenciales este año, Brasil estará más preocupado de temas domésticos en los meses que vienen. Pero es el único país que puede quitarle a Cuba su influencia en la Venezuela de Nicolás Maduro, dada su fuerza a nivel regional y su condición de potencia emergente en el concierto mundial. En el mediano plazo, lo que Brasil debe hacer es utilizar su influencia y liderazgo para enrielar a Venezuela en el camino de una democracia de verdad, donde además de elegir al presidente en las urnas haya instituciones fuertes, separación de los poderes del estado, libertad de expresión y respeto por la oposición.

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