Hace algunos años, cambiar dólares en Lima podría considerarse casi un deporte extremo. Había dos caminos: el tradicional, que implicaba largas filas en el banco y una taquicardia segura al ver el tipo de cambio, o la alternativa callejera, con los cambistas y una inevitable dosis de adrenalina. En ambos casos, era una experiencia llena de emociones negativas. Ni eficiente, ni segura, ni justa.
Pero en 2017, llegó una disrupción inesperada, nació David. Un grupo de emprendedores decidió que el cambio de dólares debía ser simple, justo y seguro. Así aparecieron las primeras fintech de cambio de divisas, plataformas 100% digitales que, con tecnología de su lado, ofrecieron una alternativa innovadora: mejores tipos de cambio, sin comisiones ocultas, sin necesidad de desplazarse y con la seguridad de una transacción digital.
El impacto fue inmediato. Entre 2017 y 2019, estas fintech crecieron de manera rápida. Eran soluciones similares, muchas de ellas compitiendo exclusivamente en precio, pero algunas lograron diferenciarse al apostar por el servicio, la eficiencia y la confianza del usuario.
El sistema financiero tradicional reaccionó de inmediato. Goliat despertó. Los bancos, acostumbrados a liderar el mercado, vieron cómo los clientes migraban a las plataformas digitales en busca de mejores condiciones y una experiencia más ágil. Incapaces de competir en precios sin afectar a sus márgenes, optaron por levantar todo tipo de barreras operativas para frenar el avance de las fintech. Al mismo tiempo, surgieron iniciativas bancarias que replicaban este modelo, pero con la ventaja de contar con acceso directo a la infraestructura bancaria y la confianza de un banco.
El auge de las fintech de cambio no se detuvo. En 2020, la pandemia aceleró la adopción digital como nunca antes, impulsando su crecimiento a tasas de doble y triple dígito, mientras los bancos sufrían caídas de doble dígito (en la línea de cambios de divisas). Con estos, operando a capacidad reducida y el efectivo visto como un riesgo sanitario, dichas empresas de tecnología financiera se posicionaron como la mejor alternativa.
En 2021, la incertidumbre política y la fuga de capitales dispararon la demanda de dólares, consolidándolas como la opción más ágil y segura para mover el dinero. Esto impulsó un crecimiento del 76% en el sector de fintech de cambios.
Sin embargo, el 2022 marcó un punto de inflexión: el crecimiento se moderó al 22%, lo que significó el fin de la fase de expansión explosiva y el inicio de un mercado más competitivo y maduro.
El 2023 fue un año desafiante, marcado por un escenario de recesión y alta inflación, afectó tanto a los negocios como al mercado de cambio de dólares. Mientras el rubro de fintech de cambio caía un 6 %, los principales bancos sufrieron una caída promedio del 21%.
Ese mismo año, Indecopi realizó una investigación sobre la competencia en el sector fintech e identificó las principales barreras y dificultades que enfrentan estas empresas. Entre ellas destacó el poder de las entidades financieras para cerrar cuentas, imponer altas comisiones y restringir su acceso al sistema bancario. Como resultado, emitió una serie de recomendaciones dirigidas a reguladores como la Superintendencia de Banca, y Seguros (SBS), que han tenido poco o ningún efecto.
Mientras tanto, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) busca nivelar el terreno de juego, evitando que los bancos frenen la innovación impulsada por las fintech y la inclusión financiera que estas generan. Entre sus iniciativas, ha ampliado el acceso a la Cámara de Compensación Electrónica (CCE), desarrolla proyectos piloto para implementar el sol digital como CBDC (Central Bank Digital Currency), e impulsa una Cámara de Compensación Alternativa más abierta para fomentar mayor inclusión financiera.
El 2024 trajo una leve recuperación tras un año difícil, con un crecimiento moderado tanto para bancos como para las fintech, en un mercado cada vez más competitivo.
Además, surgieron nuevos desafíos tecnológicos. Los ciberataques se dispararon y los bancos peruanos sufrieron brechas de seguridad que expusieron los datos de millones de usuarios. Es crucial generar conciencia sobre la importancia de la ciberseguridad entre los clientes y las fintech. Sin embargo, pocas de estas han apostado por certificaciones como ISO 27001, ya que solo las de mayor tamaño pueden costearlas.
Otro cambio clave es la comoditización de la Inteligencia Artificial (IA). Como ocurrió con Internet, los smartphones y la computación en la nube, su acceso se ha vuelto más fácil y económico. Junto con tecnologías como blockchain, stablecoins, open banking y open finance, la IA promete transformar aún más el sector financiero.
¿Quién liderará la transformación: los bancos o las fintech?
Las fintech llevan la innovación y disrupción en su ADN. No buscan pequeñas mejoras, sino que atacan los problemas reales de los usuarios, aquellos que han sido desatendidos y maltratados por los bancos. Experimentan con nuevos modelos y tecnologías avanzadas, los prueban en el mercado con rapidez y ajustan sobre la marcha. Algunas de estas empresas desaparecerán en el intento por falta de rentabilidad u otras dificultades, pero las que logren escalar tienen la oportunidad de transformar realmente el sector financiero.
Mientras tanto, los bancos seguirán dominando el mercado gracias a su tamaño y recursos, pero no sin pagar un precio: tendrán que invertir más en innovación, asociarse con las fintech, o absorber su tecnología para reinventarse. Los bancos también innovan, su prioridad sigue siendo proteger su negocio y optimizar la cuenta de resultados, lo que los hace menos propensos a cambios radicales en su modelo de negocio.
En este escenario, el papel de regulador será clave, puede impulsar la competencia y fomentar la inclusión financiera o, por el contrario, proteger el status quo y favorecer a los bancos tradicionales.
El futuro del sector financiero ya está en marcha. La pregunta no es si habrá cambio, sino ¿quién lo liderará? y ¿qué tan rápido sucederá?