El pasado viernes concluyó la 55ª edición del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), celebrada en Davos (Suiza). Su papel como encuentro anual de líder empresariales, lobistas y políticos sigue avanzando, buscando sumar también a voces de la sociedad civil y mayor protagonismo de los países emergentes. El título de esta edición, “Colaboración para la era inteligente”, estaba alineado con la preocupación de los máximos dirigentes del WEF, incluyendo el presidente saliente Klaus Schwab, sobre como la tecnología está transformando el mundo más rápido que nunca, erigiéndose en una revolución social que puede elevar a la humanidad o fracturarla.
El escenario en el que llegó esta edición no era nada favorable. Con una desigualdad creciente, el incremento de la deuda pública y las elevadas que dificultan su pago, no hay oportunidad para los países en desarrollo de poder abordar políticas públicas urgentes para su población. Asimismo, la incidencia de los fenómenos climáticos extremos se sigue radicalizando, con un 2024 que cerró como el año más caluroso de la historia, y una proyección del mapa de riesgos global recién publicado (por el propio WEF) de representar los cuatro principales riesgos de largo plazo, con protagonismo también este 2025 y a medio término.
Hablar de colaboración en este momento resultaba y resulta además paradójico, con las tendencias proteccionistas que se vienen experimentado y el golpe en la mesa de las decisiones ya tomadas por Donald Trump, embestido en el arranque del Foro, y la agenda prometida para su período de gobierno. Las cuestiones relacionadas con desarrollo sostenible, incluyendo clima y diversidad, sufren cuestionamientos para dar pasos atrás en los avances conseguidos.
Sobre las principales temáticas conectadas con la sostenibilidad:
Inteligencia artificial
El propio WEF establece que su adopción debe ser responsable e inclusiva y destaca los beneficios que brinda en aspectos relacionados con medio ambiente y desarrollo social. Frente a una discusión más desordenada y etérea el año pasado, en esta ocasión, ya se aterrizó más en su aplicación y las inversiones necesarias, con ejemplos de cómo contribuye a optimizar las cadenas de suministro, mejorar la eficiencia energética, reducir la generación de residuos y facilitar la economía circular, además de facilitar el acceso a servicios médicos y reducir las brechas en los servicios de salud (ej. mejorando la telemedicina), entre otros impactos. La discusión también abordó la necesidad de avanzar en el desarrollo de normativas internacionales que resguarden a la población y eviten los abusos, protegiendo también la inversión de las empresas.
Bioeconomía
De la mano de la tecnología, la oportunidad de desarrollar procesos y soluciones que permitan optimizar el uso de recursos renovables, en un contexto donde se prevé un aumento del 60% en el consumo global de recursos para 2060 (informe del propio WEF).
Cambio climático
Las discusiones globales no llegaban en un buen momento para la agenda climática, con unos resultados descafeinados de la COP29 en Bakú (Afganistán) y las decisiones más inmediatas de Trump, como la salida de EUA del Acuerdo de París y la declaración de emergencia energética en pro de la generación de combustibles fósiles. Esta decisión intenta sustentarse en un manido debate sobre si priorizar transición o seguridad energética. Ya previamente el director de la Agenda Internacional de la Energía, Fatih Birol, enfatizaba la necesidad de trabajar en ambas. El cambio climático ya ha generado desastres por más de 3.6 billones de dólares desde 2020 y podrían suponer la pérdida de hasta el 7% de los ingresos anuales de las empresas para 2035, según informes del propio Foro.
En las conversaciones, se ha planteado la necesidad de avanzar en la data para la toma de decisiones sobre los riesgos climáticos, y contribuir en la mejora de la infraestructura del sistema energético y no sólo en la generación, por ejemplo, con redes más inteligentes de distribución, mayor capacidad de almacenamiento, etc. Se anunció además durante el foro el lanzamiento del Global Energy Transition Forum, por parte de la UE y la Agencia Internacional de la Energía.
Diversidad y empleo
Durante la época más reciente nos hemos cegado por los ligeros avances conseguidos en materia de Diversidad e Inclusión (DEI), pensando que su calado era mayor. Hoy, las amenazas al mismo y las decisiones políticas y empresariales que suponen un retroceso, podrían generar pánico. Más allá de la justicia social que la DEI representa, las implicaciones para los negocios son sin duda su mejor defensa. Sobre la mesa del Foro se pusieron datos como el retorno de 3 USD que genera la inversión de 1 USD en salud de las mujeres (Fundación Bill & Melinda Gates), o el crecimiento del 20% en el PIB global que se daría si las mujeres participaran tan activamente en la economía como los hombres (Banco Mundial).
Sobre el empleo, la transformación del mercado laboral está muy presente, conectada con los avances tecnológicos e incluyendo el potencial de la IA. Según el propio informe del Futuro del empleo lanzado previamente a la cumbre por el WEF, “el 39% de nuestros conjuntos de habilidades existentes se transformarán o quedarán desfasadas en los próximos cinco años”. Se busca que esta evolución no se transforme en un problema social.
En cuanto a la colaboración frente al proteccionismo, el futuro más inmediato no es halagüeño. Será necesario avanzar en nuevas alianzas de aquellos que siguen manteniendo una visión de apertura global, y facilitar que la tecnología, de manera responsable, sume de manera determinante en esa colaboración. Asimismo, fortalecer el entendimiento del alcance global de los grandes riesgos para el desarrollo sostenible, como el cambio climático, la pérdida de los recursos naturales y la desigualdad galopante.